Los
Tribunales impiden a Hacienda,
acabar con nuestra actividad.
Preámbulo:
Durante el año 2005 nuestra
empresa ha sufrido una de las
peores experiencias que uno
no le desearía ni a su
peor enemigo: Una persecución
injustificada y sin ningún
respeto de la legislación
por parte de la Hacienda Pública.
Durante meses han intentado
acabar con nuestro negocio poniendo
trabas al mismo. ¿Cómo
lo han hecho? Muy sencillo:
usando su extremada fuerza y
el dinero del contribuyente
sin ningún recato y sin
ningún respeto por las
normas establecidas. Para ello
nos han estado poniendo todas
las trabas posibles en la gestión
de nuestras sociedades, impidiéndonos
en muchos casos que pudiéramos
llegar a constituirlas (casos
de Tenerife, Las Palmas y Sevilla),
o revocando los Nifs de nuestras
sociedades para que no pudiéramos
venderlas.
Todo
ello instrumentado por el Sr.
Ramón Marzal Doménech,
jefe de la Dependencia Regional
de Gestión Tributaria.
Un alto funcionario del cual
se nos ha dicho que es un gran
profesional y conoce la materia
por su larga experiencia, pero
que evidentemente en este caso
ha puesto un exceso de celo
en su actuación y ha
extralimitado sus atribuciones
funcionariales. No le ha importado
llegar a unas conclusiones sin
base alguna. Conclusiones que
nosotros recurrimos y que tampoco
le importó lo más
mínimo hacer caso omiso
de nuestras alegaciones.
Por
suerte, todavía le queda
al ciudadano de a pie alguna
oportunidad de luchar contra
este tipo de personas (siempre
que tenga dinero en el bolsillo)
y puede llevar a los tribunales
estos atropellos.
Sin
duda el Sr. Marzal sabía
que si llegábamos a los
tribunales nos darían
la razón a nosotros,
pero como también sabe
cómo funcionan los tribunales
habitualmente en cuanto a plazos
de resolución, seguro
que pensaba que en los dos o
tres años que yo tardaría
en conseguir que me dieran la
razón, él habría
tenido tiempo más que
suficiente de asfixiarme y de
dejar en la calle a las 8 familias
que estamos comiendo de ofrecer
un servicio perfectamente legal
y de gran utilidad para el tejido
empresarial.
Contaba
para ello con el dinero del
contribuyente que a él
le cuesta bien poco gastar aunque
sea en causas perdidas de antemano.
Contaba también en el
miedo que Hacienda provoca y
en que no me atrevería
a luchar contra él y
en definitiva contra toda la
Hacienda Pública. Contaba
también en que no estábamos
hablando de un recurso sino
de cientos (uno por cada sociedad),
con lo cual si se me ocurría
recurrir, probablemente terminaría
arruinado con los gastos de
abogados, procuradores, poderes,
etc. Y además contaba
con el desgaste moral que la
presión de todas las
Agencias Tributarias hacia Ramón
Cerdá acabaría
teniendo. Por último
contaba con el plazo de resolución
habitual de dos años.
Estaba convencido de acabar
con nosotros mucho antes. Después,
que me dieran o no la razón
era lo de menos. Muerto el perro,
se acabó la rabia.
Pues
bien. Todo aquello con lo que
contaba excepto con lo referente
al dinero del contribuyente
(que todavía no se ha
acabado) le ha salido de forma
distinta a la esperada:
1.-
El miedo ante lo que Hacienda
quiera hacerme es algo que ni
siquiera me he llegado a plantear.
Una persona tiene derecho (y
obligación) de defender
a su familia y por ende a su
forma de ganarse la vida, y
eso es lo que he hecho. Ni más
ni menos.
2.-
Cierto que el dinero gastado
(y el que queda por gastar)
es mucho, pero prefiero gastármelo
luchando por lo que creo justo
que tener que cerrar el negocio
por un capricho de una persona
cuyo calificativo voy a callar.
3.-
El desgaste moral ha sido extremo,
pero cada día me levanto
a las seis de la mañana
con fuerzas renovadas.
4.-
La diligencia de los tribunales
ha sido excelente y tengo que
agradecerles su actuación,
que además de justa y
fundamentada, ha sido rápida
y eficaz. Eso me ha ahorrado
dinero y disgustos y me da armas
para luchar contra la injusticia
de personas que no viven en
el mundo real.
Las primeras sentencias favorables
llegaron de la mano del Tribunal
Económico Administrativo
de Valencia (15 en total) fechadas
el 28 de febrero de 2006.
Luego llegó el apoyo
del DEFENSOR DEL PUEBLO que
ratificaba todos nuestros argumentos.
Unos meses después (30
de octubre), es el Tribunal
de Murcia el que emite 11 nuevas
sentencias favorables en líneas
muy similares a las abiertas
por el de Valencia.
Sigo esperando nuevas resoluciones,
pero en resumen puedo decir
que si sigo pudiendo ofrecer
el servicio es MUY A PESAR DEL
SR. MARZAL, quien si tuviera
el más mínimo
atisbo de humanidad y sentido
del honor, hubiera cesado ya
en sus ataques hacia mi persona
y mi empresa; cosa que todavía
no ha hecho. Desde aquí
le requiero una vez más
a que me deje trabajar en paz.
Este requerimiento se lo dirijo
personalmente a él, al
Sr. Pellejero, y al Sr. Egaña
entre otros.